El acto democrático no es lo único que mantiene la legitimidad sobre alguien. Es decir, aún así el acto democrático ratifique a un tirano en el poder eso no lo legitima pues «la legitimidad se pierde cuando empieza la tiranía». Si se llega legítimamente al poder aceptando los términos actuales para el momento de la toma y sin hacer ningún reclamo, entonces no puede considerarse legítimo cualquier cambio en el esquema por considerarse justo a posteriori sin someterse antes al mismo proceso de legitimación bajo los mismo términos aceptados anteriormente.

Es entonces relativamente fácil indagar sobre esto referente a la reelección inmediata de cualquier cargo. Se podría interpretar como legitimidad la simple costumbre de alguien en el cargo, más si este continuismo personalista en el poder es producto de algún movimiento tiránico para lograrlo. Este pierde su legitimidad de manera inmediata aún cuando la voluntad popular lo ratifique pues se incumplió parte de las condiciones básicas para mantener cualquier legitimidad: seguir las pautas establecidas a priori en un acto legítimo.

De esta manera se entiende que lo único que no pierde legitimidad con su continuismo son las ideas y que el continuismo personalista no hace más que afianzar el caudillismo y por ende degenerar en un tirano, si es que ya no lo ha hecho antes de que todo esto suceda.

Incluso, puede debatirse la legitimidad de la voluntad popular cuando esta misma rompe con los principios básicos establecidos legítimamente de manera anterior para llegar a algún paradigma que se quiera implantar. Con esto no hago más que una mera referencia al termino «democracia ilimitada» acuñado por varios para señalar la degeneración de la democratización de todo y pensar que simplemente la mayoría siempre tiene la razón cuando realmente no es así.