Es gracioso escuchar y leer comentarios sobre la llamada «Ley de la Oferta y la Demanda», sobre todo cuando viene de socialistas empedernidos. La creencia popular es que éste fue escrita por los capitalistasrefiriéndose con este término sólo a la gente que tiene dinero — para poder colocar precios altos y robarles su dinero cuando los consumidores compren los productos. Lo peor, es que los economistas clásicos no ayudan mucho a resolver el inconveniente, pues han recurrido a analogías casi espiritistas para explicar lo que es la oferta y la demanda, como Adam Smith con su mano invisible. ¿Qué es la mano invisible? ¿Un fantasma, un avión, superman?.

Lo gracioso de todo esto, es que es muy simple: somos todos. La oferta y la demanda es lo que se denomina, en conjunto, el mercado, y no es más que todos nosotros solicitando o dando en disponibilidad bienes y servicios.

¿Cómo la oferta y la demanda determina los precios?

Una frase muy escuchada es: ante gran oferta, bajos precios, ante gran demanda, altos precios.. ¿Pero por qué? Es un tema de incentivos.

Cuando hay gran oferta de un producto los vendedores bajan los precios para lograr que sea su producto el que se vende, pues el consumidor busca, entre toda la oferta, el que más le convenga. Por supuesto, la decisión del consumidor no siempre es basada en el precio, ni únicamente es basada en el precio. También influye la marca, la calidad y el gusto individual.

Ahora, cuando hay gran demanda, el vendedor no tiene incentivos para bajar los precios, a menos que haya una gran oferta también, por eso productos populares como los zapatos, los podemos encontrar en un gran rango de precios y todos tienen un tipo de cliente diferente. ¿Por qué? Porque el precio no lo es todo.

El precio no lo es todo

Un error común es pensar que el mercado sólo se trata de precios, realmente se trata de todo, desde gustos visuales, pasando por gustos sensoriales y deseos. Puede que consiga una franela muy económica, pero la calidad de la tela no le sorprende, tampoco el tipo de estampado y sobre todo, le da muchísima piquiña las costuras que tiene. A pesar de que tenga un precio muy bajo, muy pocas personas la comprarán, a menos que no tengan suficiente dinero para comprar algo más costoso. ¿Es injusto para las personas que sólo pueden optar a comprar esa franela?: ¡NO!, ellos no están obligados a comprarla, ni se da imposición alguna, a menos claro que sea un caso muy excepcional, casi irreal — como le gustan los ejemplos a mis amigos socialistas — en el que no tenga más nada con que vestirse y sólo tenga ese dinero en el total de su patrimonio, en ese caso le recomendaría que lo invirtiera o que lo usara para comer, no para una franela.

¿Por qué un mismo producto va a tener precios diferentes en distintos lugares?

Una falla natural del mercado — aunque también es un beneficio, en el mundo del software se diría: is not a bug, is a feature — es que toda la información no está disponible. A veces no se consiguen las razones, de manera simple, para comprender por qué un zapato, de la misma marca, la misma calidad y el mismo material, tiene precios diferentes en dos tiendas, por lo que algunos compran en la tienda costosa y luego sienten que perdieron su dinero al no comprar en la que es más económica.

A pesar de esto, ¿hubo imposición al comprar el producto más costoso? No, simplemente el comprador no buscó lo suficiente. Estoy seguro que si los consumidores buscaran precios económicos, con suficiente energía, entonces muchos se verían obligados a bajar sus precios, pues la función del vendedor es vender, y si no vende entonces se ve obligado a cambiar de estrategia para lograr que su producto se comercialice lo suficiente para obtener ganancia de ello.

¿Y entonces cómo controlar al mercado?

Empiece por controlarse a sí mismo. El mercado no es un lugar, no es un ente, no es una comisión ni junta de sabiosni de ignorantes –. Es usted, su amigo, su mamá, su familia, soy yo, somos todos, decidiendo qué consumir y que no, qué ofrecer y qué no.

Así que la próxima vez que lea, escuche o intente decir algo del mercado, recuerde que es usted, no algo ajeno ni un grupo de gente con dinero decidiendo que los productos serán caros. De hecho, esto último es lo que menos le conviene a un empresario para tener estabilidad en las inversiones, pues mientras más venda significará mayor rentabilidad, aún bajando los precios, pero no se puede pretender que baje los precios vendiendo menos. ¿Acaso alguien aquí está dispuesto a que le paguen menos por hora cuando le bajan la cantidad de horas a trabajar? Pues esa es la misma situación.

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